3 de noviembre de 2008

Friedrich Dürrenmatt


Friedrich Durrenmatt(Suiza, 1921-1990)

Escritor suizo de obras de teatro vanguardistas y novelas policiacas existencialistas. Hijo de un clérigo, nació en Konolfingen y estudió en las universidades de Zúrich y Berna. Sus primeras obras de teatro, entre las que se encuentran
Essteht geschrieben (1947), que trata sobre los anabaptistas monasterienses del siglo XVI, y Rómulo el Grande (1949), que analiza la caída de Roma, conjugan la ironía y el absurdo con la violencia y lo grotesco. Sus obras de teatro más conocidas, La visita de la vieja dama (1956) y Los físicos (1961), tratan sobre la justicia, la culpa, la venganza y la impotencia del individuo en la sociedad de masas. La visita de la vieja dama fue transformada en ópera (1971) por Gottfried von Einem y posteriormente llevada al cine con el título de La visita del rencor, película dirigida por Bernard Wicki e interpretada por Ingrid Bergman y Anthony Quinn. (http://www.decine21.com/Peliculas/La-visita-del-rencor-%2910412.asp?id=10412

En la literatura de los años cincuenta y sesenta se fue decantando visiblemente una corriente en la cual el modo mismo de encarar el pasado reciente se convirtió en un tema literario. En muchas obras de aquellos años la crítica del “milagro económico” de la posguerra se conjuga con el ansia de reconstrucción de los hechos del pasado. La obsesiva concentración en la rápida recuperación de un renovado bienestar material se interpreta a menudo como elusión de la responsabilidad por lo sucedido en la época nazi. En esta línea se inscriben por ejemplo las piezas de teatro y obras en prosa de los autores suizos Friedrich Dürrenmatt y Max Frisch.

El teatro de Dürrenmatt se caracteriza en lo formal por el juego con la ironía, el absurdo, lo grotesco y la violencia, mientras entre sus temas preferidos sobresalen la culpa, la justicia y la compleja relación entre el individuo y la sociedad vista con frecuencia desde el punto de vista de la indefensión del primero en medio de la segunda, entendida a su vez como “sociedad de masas .
Apartado de cualquier adscripción ideológica, su teatro refleja un mundo donde la tragedia del individuo se ve privada de sentido por las necesidades materialistas de una sociedad de masas. La contradicción entre el discurso de las instituciones (políticas, religiosas) y sus actos es su tema recurrente. Algunos comentarios irónicos sobre su país: Suiza tiene algo grotesco en su carácter -declaró alguna vez-; sus intentos de constante neutralidad se parecen a los de una virgen ganándose la vida en un burdel que pretende, además, permanecer casta No dudo de la necesidad del Estado; dudo de que nuestro Estado sea necesario.

En su ensayo, Problemas teatrales, donde se desarrolla la teoría dramática de Friedrich Dürrenmatt, expresa (1961, 42-43):

Nuestro mundo ha llevado tanto a lo grotesco como a la bomba atómica, así como los cuadros apocalípticos de Hieronymus Bosch también son grotescos. Pero lo grotesco no es más que una expresión sensual, una paradoja sensible, a saber, la forma de una cosa informe, la cara de un mundo sin cara [...]
Sigue siendo posible, sin embargo, lo trágico, aunque no así la tragedia pura. Podemos obtener lo trágico por medio de la comedia, producirlo como un momento espantoso, como un abismo que se abre[...] Parece imponerse la conclusión de que la comedia es la manifestación de la desesperación.


Jan Kott (1965), profesor de la universidad de Varsovia, para fijar su posición sobre La visita de la anciana dama señala que no ve en Ill un héroe tragico, ni en Clara Zachanassian una diosa, aunque algunos la consideran una Némesis, la diosa de la venganza. Ella apenas existe físicamente. Es casi enteramente artificial. Parece un símbolo de deshumanización. La frialdad y firmeza con que pretende conseguir su objetivo lo corroboran. El rencor y el odio tenaz que un día la movieron a fijar en la venganza la finalidad de su vida, se ha convertido ahora en una convicción de justicia, concebida como un absoluto. Convicción que servirá de coartada a los güllenses y pone en tela de juicio toda actitud represora que justifica el derecho.
Retomando la opinión de Jan Kott, como él dice, "Ille y los güllenses se encuentran en una situación en la que no cabe lo trágico, en la que sólo hay lugar para lo grotesco". Parte para esta conclusión de la paradoja de Maurice Regnant: "La ausencia de tragedia en un mundo trágico da lugar al teatro cómico".
En este sentido ya se había expresado Ionesco (1965) en Notas y contranotas, haciendo referencia a su propio teatro. Lo grotesco quedará latente y patente en el texto de Dürrenmatt. El texto resalta el carácter grotesco de lo trágico, de la situación del hombre vulgar ante el poder de lo absoluto.

Frente a una imagen mezquina e inhumana del hombre egoísta y encerrado en sus propios intereses, que se mueve con el horizonte limitado de una sociedad tecnocrática, este autor impuso, pues, una exigencia definidamente existencialista de "autenticidad". La busca del hombre auténtico que se oculta tras el inauténtico, característica no sólo del existencialismo de Kierkegaard, Jaspers y Heidegger, sino también de la filosofía de Pascal y Nietzche. Dürrenmatt se propuso desenmascarar las virtudes burguesas y la falsedad de la rectitud suiza (paìs siempre neutral que administra secretamente el dinero de los explotadores o asesinos), para poner en evidencia la hipocresía y la debilidad moral. Las armas que utilizó fueron la sátira y la ironía. Si bien su obra dramática puede ser definida como un teatro de "concientización" que logra impactar a la más impasible de las audiencias, en el fondo se podía percibir que Dürrenmatt fue un moralista que utilizó lo macabro y lo grotesco. En más de una ocasión declaró que "no escribía para cambiar el mundo. Nunca podría escribir si tuviese esas gigantescas intenciones. Cuando me siento en mi escritorio pienso sólo en la historia que trato de escribir. Nunca pienso en su significado. Lo dejo para más tarde, cuando tengo más tiempo". En ese tener más tiempo, Dürrenmatt no percibió la tendencia hacia el pesimismo. "La gente dice que soy un cínico -declaró en una oportunidad-, porque muestro las cosas desagradables y graciosas al mismo tiempo. Pero trato de mostrar el mundo cual es".

Entre sus últimas obras de teatro cabe destacar Retrato de un planeta (1971) y la comedia Achterloo (1983). De sus populares novelas policiacas sobresalen El juez y su verdugo (1952), La presa (1953), y El compromiso (1958).

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